Pasado mañana, de acuerdo con el calendario maya, estrenaremos nuevo año. Se trata del 5123 de la era actual, y desde el martes, en Guatemala se está celebrando el "wayeb" —periodo de cinco días—, que según la cosmovisión indígena sirve "ajustar" el "haab" o año solar. Hay que recordar que el calendario maya, al igual que el gregoriano, consta de 365 días, pero se divide en 18 meses, de 20 días, llamados "winal". Al final, la cuenta nos arroja 360 días, y es necesario el ajuste, "wayeb". Para nuestros ancestros, la nueva era maya inició el 13 de agosto del 3114, antes de Jesucristo.
Ahora si saco bien las cuentas, nací en el 5,087, y deberé hacer arreglos en el DUI antes del 15 de marzo. En fin, ahora sí, Feliz años para todxs!!!!!!!!!!!
Sí “comisionado”, ya lo sabemos, te equivocaste, pero no se equivocaron los miles de seguidores que llegaron a pesar de esos precios exorbitantes a entregar el corazón, a sufrir, a llorar de desesperanza, a llorar de orgullo, de felicidad. Ellos no se equivocaron, le rindieron el mejor regalo de amor, una prueba de confianza, la compraron dólar sobre dólar, n ole llevaron rosas, pero pusieron al fuego vivo la garganta, gritando el nombre de un país, el nombre de una nación, de una tribu pintada de azul y blanco. Buen pretexto es el nombre del amor, un amor mutuo que lo pagó el pundonor del hombre más sencillo, de ese que sacó garra que perdió el “10” hinchado de soberbia. Todo El Salvador estuvo ahí, los que se quedaron en casa por falta de pisto, porque no les alcanzó la colcha, también le entregaron el corazón, pasaron de la desazón a la felicidad total, al endiosamiento de vestir “la Azul”, pirateada, choteada, “cholera”, pero azul. La Selecta es amor del bueno cuando juega así, cuando se entrega y respira sobre el mismo césped que pisaron los grandes del fútbol nacional, tan sufrido y vapuleado. No existe más Real, Barça, Calcio, Premier, que rompa esa relación de generaciones, inequívoca... Pero no te equivoques más, trátala bien, a ella y a quienes la quieren. Deja que su cariño se desborde la próxima velada, a la que irá a por tres, sin más miedo y sobrada de apoyo después de semejante muestra de pasión. Entrega es lo que resta. Hay que hinchar la sangre dentro y fuera de la cancha, “seamos realistas, pidamos lo imposible”, como dijo Voltaire, y soñemos, soñemos que estos chicos humildes correrán bajo las luces de los grandes estadios de Sudáfrica.
» Lo afirma el escritor argentino Osvaldo Ferrari, coautor, con Jorge Luis Borges, de "En Diálogo"
William Alfaro
El Diario de Hoy
El argentino Osvaldo Ferrari tenía 32 años, en 1980, y apenas había publicado dos libros de poemas, mientras se dedicaba al periodismo. Fue entonces que conoció al gran Jorge Luis Borges.
Entabló una amistad gracias a la surgida, tiempo atrás, con el matrimonio de literatos formado por Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares. Esa fue la hermandad que le permitió acompañar a Borges a través de charlas, hasta su último año de vida.
En marzo de 1984, Ferrari, gracias a la opinión de un amigo pintor, se embarcó junto con Borges en una serie de diálogos que fueron transmitidos a través de Radio Municipal de Buenos Aires y publicados en el periódico Tiempo Argentino.
Estas charlas se convirtieron, a los pocos meses, en una publicación prologada por el mismo Borges y Ferrari.
En el preámbulo, de los tres libros editados, Borges advierte: "Como todos mis libros, acaso como todos los libros, éste se escribió solo. Ferrari y yo procuramos que nuestras palabras fluyeran, a través de nosotros o quizá a pesar de nosotros".
Como creador de esa obra, Osvaldo sostiene que en los textos se puede descubrir al "Borges escritor, a la visión del mundo y su literatura, pero también al hombre Borges. Cómo era Borges en su manera natural de ser y su personalidad y a través de ellos entender mejor su literatura".
Ferrari, quien mañana tendrá una charla magistral en la Universidad Dr. José Matías Delgado, aseguró que los "Diálogos" —publicados en Argentina por la Editorial Sudamericana y en México por Siglo XXI Editores— le dejaron el universo de Borges.
"Si hablamos del tiempo, hay una manera borgeana de ver el tiempo, hay un concepción que es totalmente original y distinta. Hay una visión de Borges sobre los sueños, una teoría como anticipadores o creadores de la vida real, la cual es completamente original. Hay una sobre la ética, exclusiva de él. Una visión sobre el amor, totalmente particular", aseguró el escritor.
Adelantó que también hablará de Francisco Gavidia y de su relación con el poeta nicaragüense Rubén Darío.
"Voy a referirme a una figura que me impresiona muchísimo de El Salvador, que es la de Francisco Gavidia, quien introdujo a Rubén Darío en el verso alejandrino o francés. Gavidia crea en Darío el entusiasmo en construir una nueva métrica, una renovación del idioma. En El Salvador inició el modernismo, nada menos que en 1882, con la relación entre Darío y Gavidia", concluyó.
En la noche están naturalmente las siete maravillas del mundo y la grandeza
y lo trágico y el encanto.
Los bosques se tropiezan confusamente con las criaturas legendarias
escondidas en los matorrales.
Estás tú.
En la noche están los pasos del paseante y los del asesino y los del guardia urbano
y la luz del farol y la linterna del trapero.
Estás tú.
En la noche pasan los trenes y los barcos y el espejismo de los países donde es de día.
Los últimos alientos del crepúsculo y los primeros estremecimientos del alba.
Estás tú.
Un aire de piano, el estallido de una voz.
Un portazo. Un reloj.
Y no solamente los seres y las cosas y los ruidos materiales.
Sino también yo que me persigo o sin cesar me adelanto.
Estás tú la inmolada, tú la que espero.
A veces extrañas figuras nacen el momento del sueño y desaparecen.
Cuando cierro los ojos, las floraciones fosforescentes aparecen y se marchitan
y renacen como fuego de artificios carnosos.
Países desconocidos que recorro en compañía de criaturas.
Estás tú sin duda, oh bella y discreta espía.
Y el alma palpable de la extensión.
Y los perfumes del cielo y de las estrellas y el canto del gallo de hace 2000 años
y el grito del pavo real en los parques en llamas y besos.
Manos que se aprietan siniestramente en una luz descolorida y ejes que chirrían
sobre los caminos de espanto.
Estás tú sin duda a quien no conozco, a quien conozco al contrario.
Pero que, presente en mis sueños, te obstinas en dejarte adivinar en ellos sin aparecer.
Tú que permaneces inasible en la realidad y en el sueño.
Tú que me perteneces por mi voluntad de poseerte en ilusión pero que no acercas tu rostro sino cuando mis ojos se cierran tanto al sueño como a la realidad.
Tú que en despecho de una retórica fácil donde la ola muere en la playa, donde la corneja vuela entre las fábricas en ruinas, donde la madera se pudre crujiendo bajo un sol de plomo.
Tú que estás en la base de mis sueños y que sacudes mi alma llena de metamorfosis
y que me dejas tu guante cuando beso tu mano.
En la noche están las estrellas y el movimiento tenebroso del mar, de los ríos, de los bosques, de las ciudades, de las hierbas, de los pulmones de millones y millones de seres.
En la noche están las maravillas del mundo.
En la noche no están los ángeles guardianes, pero está el sueño.
Hace cuatro años Tim Burton estrenó Corpse Bride ("El Cadáver de la Novia"), la adaptación de un cuento de Europa del Este, que transcurre en un pueblo del XIX. La cinta, creada en "stop motion", narra la historia de Víctor, quien viaja con un amigo al pueblo, donde se casará con Victoria. Al descansar en un bosque cercano, Víctor bromea con compañero de viaje, y le pone el anillo a un hueso que encuentra, y cuya forma se asemeja a la de un dedo. En efecto, el hueso es "El dedo" —tal y como se llama el cuento original—, que pertenece al cuerpo de una chica que había sido asesinada, y quien resucita para reclamar a Víctor como esposo. La chica hace cumplir a Víctor una promesa de amor, un compromiso irreductible... Se dice que con el amor no se juega, y es por ello que los verdaderos amantes se prometen amor eterno. Para unos termina con la muerte, y para otros, más allá de ella. Por ejemplo, Christel Demichel, se casó, en febrero de 2004, con Eric, su novio muerto dos años antes en un accidente de tráfico en París. El año anterior, el pintor francés Jean-Louis Ronzier, de 68 años, logró por fin casarse con su novia, Martine, quien murió en la década de los 80, a causa de una enfermedad. Para realizar la boda, Ronzier obtuvo un permiso especial de Nicolás Sarkozy, ya que según el Código Civil francés, sólo él puede autorizar un matrimonio póstumo. Hace dos semanas, en Londres, Alan Hooley —25 años— cumplió la fecha de boda que tenía con Charlotte, quien murió en un accidente de autos. Invitó a 250 personas, y llevó una cadena con un diamante hecho con las cenizas de Charlotte, una joya de casi 80 mil dólares, para un amor invaluable.
Estoy cansado de hacer el mismo recorrido, el mismo trabajo.
Ver las mismas caras, los mismos paisajes sin ti a mi lado.
Mi vida poco a poco se va llenando de esos días,
tristes, grises y opacos que uno omite en su biografía.
Cansado de ir cada noche a los mismos bares. Buscándote
aunque sé que no estas, que no voy a encontrarte.
Cansado de ir cada noche lamentando tu ausencia,
directamente a tu altar para hacerte una ofrenda.
Mañana será tarde si vienes a buscarme,
mira en tu buzón dejé un mensaje.
No todo está perdido, encuéntrate conmigo:
tu bien conoces el camino.
A esas horas en que casi todos engañan a sus amantes,
casi siempre encuentro un buen momento para asesinarme.
Y entre muerte y muerte miro a la ventana con la vana esperanza
de ver que Madrid se consume entre llamas.
Tú quizás mientras busques un horario perdido
o cantes una canción para dormir a un niño.
Tú mientras encuentres en papeles perdidos
la letra de una canción que yo te he escrito.
Mañana será tarde si vienes a buscarme,
mira en tu buzón dejé un mensaje.
No todo está perdido, encuéntrate conmigo:
tu bien conoces el camino.
Apenas te he dejado, vas en mí, cristalina o temblorosa, o inquieta, herida por mí mismo o colmada de amor, como cuando tus ojos se cierran sobre el don de la vida que sin cesar te entrego.
Amor mío nos hemos encontrado sedientos y nos hemos bebido toda el agua y la sangre, nos encontramos con hambre y nos mordimos como el fuego muerde, dejándonos heridas.
Pero espérame, guárdame tu dulzura. Yo te daré también una rosa.
"Pay It Forward" (Cadena de favores), la cinta lanzada al mercado en el año 2000, basada en la novela homónima de Catherine Ryan Hyde, recrea la historia de Trevor, protagonizado por Haley Joel Osment, quien desarrolla un proyecto que consiste en ayudar de manera desinteresada a tres personas más, logrando así una cadena de favores que medianamente alegran la vida de quienes los reciben. En esta secuencia, las personas a las que se les realiza el favor, en pago, tienen que realizar un beneficio a tres personas más, y cada una de éstas, a otras tres. El experimento de Trevor conmociona a quienes le conocen, y también lo logra con los que están frente a la pantalla, un impacto que lleva a reflexionar que el mundo verdaderamente sería mejor si existiera esa tipo de cadena. Sin embargo, los eslabones que la conforman existen, hay que armarla. Por ejemplo, en San Salvador, una pareja se conoció de manera fortuita. Al poco tiempo colaboraron en los sueños de una amiga y ésta —sin considerarlo— en los anhelos de otros dos amigos. Así la cadena llevó a una madre a reencontrarse con su hija, a quien no miraba desde hace algunos años, y también ocasionó que otra amiga se enamorara de otro chico cercano al círculo. La cadena siempre estuvo, ahí se fue armando con pequeños favores que pasaban desapercibidos, pequeños detalles que fueron ocasionando momentos de felicidad, bríos que hicieron y hacen la vida más llevadera, agradable. Solo el tiempo es capaz de revelar que los enlaces están ahí, a la par tuya, y que la persona que te abrió la puerta ya hizo algo por vos, puso el primer eslabón de la siguiente cadena, pero es necesario abrir bien los ojos del corazón.