
Maya no conoce a Mafalda más que por las caricaturas de los medios. Supongo que tendrán la misma edad —nueve años—, ésa en la cual surgen las preguntas más inquietantes, las que causan sorpresa, miedo y alegría.
Resulta que días atrás, Lilian M. me regaló una "curita para el alma".
La abrí y era un texto que aprendí de niño, Josué 1.9.
La llevé a casa y unos días después, Maya, mi hija, la encontró curioseando entre los libros y papeles, la leyó, y preguntó: ¿Dónde se pone?
Inmediatamente, Lucía recordó a Mafalda, quien hace algún tiempo, en otras palabras, nos preguntó lo mismo.